Comando “El tipo de la ventana”


Mateo Cabral  "El tipo de la ventana"

Mateo Cabral
“El tipo de la ventana”

Comando.

Mientras los cañones custodiaban celosos la bahía, ellos se escabullían por las rocas, silenciosos,someros, adustos.
Hombres recios, de mar y de tierra.
El pequeño islote de piedras se les antojaba lejano e inexpugnable.
Sólo su fuerza y coraje, los mantenía alertas desde que partieron de la batalla en medio del fuego cruzado de los enemigos.
Tomaban “la isla”por asalto en búsqueda de las municiones que escaseaban en el frente del jefe.
Alli-oculta- estaba la artillería casi invisible en medio de las aguas difíciles de navegar.
Profundas y de color mortecino en las primeras horas de esa noche.
Les ardían las manos quemadas por el roce de la roca, les gritaba la garganta sin emitir sonido.
El aullido de guerra se les escondía en las entrañas de sus ropas raídas por mil caminatas, mil días con sus noches.
Sólo poseían una lanza, un machete entre los dientes, y la sangre hirviendo.
Por toda compañía sentían aún el pequeño resoplido de sus compañeros al morir : para no alertar al bando contrario.
Allí, en esa piedra gris donde entraban apenas unas construcciones de ladrillo cocido estaba su fortaleza.
Don Artigas los había mandado y ellos en comando, el primero de todos los tiempos, tomaban ese día de 1811 la isla de ratas.

M.C

*La isla de ratas (isla Libertad) está en la bahía de Montevideo. Tiene unos cinco mil metros cuadrados. Aun se conservan vestigios de tiempos lejanos. Es área de la prefectura naval uruguaya.

Isla de ratas

Foto actual sacada por el Sr. Eduardo Gularte.
Isla de ratas

 

Los Caminantes del Tiempo (Relato)


Gladys González Villagrán

Gladys González Villagrán

A raíz de una nota intenté ponerme en la piel de nuestros pueblos originarios. En realidad en la piel de Senaqué.
Bravo Charrúa, viviendo en libertad. Cazando, recolectando. Llevando a su familia de río en río, de arroyo en arroyo, traspasando colinas, lomadas y cerros. Poco equipaje. Unas boleadoras, arco y flecha, en verano un taparrabos y en invierno apenas un poncho . Oteando el horizonte con su mirada aguda, sintiendo su voz retumbar en las rocas de cada paisaje . ¿Se reían, lloraban?
La adusta expresión con que los pintan la literatura, los antropólogos , historiadores y artistas, estoy segura que fue un juego de su imaginación, un giro literario en un vano intento de plasmar su rudeza, su valentía, su escaso lenguaje, así como su no creencia en los dioses.Sin embargo me animo a discrepar con todos ellos.

Veo a Senaqué , sus mujeres y niños jugando en las lagunas, inventando entretenimientos, juntándose con otros para celebrar la vida, recluyéndose ante las muertes.Con agudos gritos, y lúgubres llantos. Con la sonrisa medida, sin desperdiciarla, Justa.

Dicen que eran bravíos, que tomaban, que su vida era la de cualquier pueblo nómade, que dejaban atrás sus utensilios y herramientas.

Los juzgan por estas “desprolijidades” y por no realizar fabulosos cálculos matemáticos – astronómicos como los mayas, incas , aztecas. Por no pre decirnos qué día, hora y año se nos acabará el mundo…
Quién puede achacarles cosas tan mundanas como mirar las estrellas,detallar la órbita de la luna o el sol, si ellos, solamente ellos ,entendieron que la base de su sobrevivencia está a ras del suelo y debajo de él. Comían el fruto de la tierra y sus plantas. Cazaban no por deporte sino para saciar su hambre. Estaban solos, dependían de cada uno enlazados como las lianas de sus bosques.
Se aliaron luego de largas cavilaciones al único que los dejó ser como eran , a quien les interpretó el espíritu , a aquél que como ellos no dejaba ir el tiempo en sonrisas melosas, a uno que como ellos comenzó a caminar sin mirar atrás.

GGV

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