Para Volar. (Relato)


Bruno Traversa

Bruno Traversa

La noche, ahí, inquieta pero expectante, sin estrellas. El frío morado avanzaba cuadra a cuadra helando la ciudad. El viejo faro estaba fallando, los halos de luz ya no eran igual ,parecían esforzarse por dar las ultimas señales a quien sabe que navegante. Las olas explotaban contra el espigón, mientras el perro de Arturito buscaba una explicación mirando el mar. Su dueño yacía refugiado en la antigua caseta hoy abandonada. Con sus manos en forma de cuenco comía una manzana, lo hacia muy lentamente por miedo a arrancar la cabeza de algún gusano de turno. jugaba a llenar su boca de jugo para saborear aun mas el único alimento. Temblaba, pero no del frío ni del miedo, temblaba, sin saber porque, bueno si lo sabia, algo esperaba, la esperaba a ella, vicky.
La había conocido una tarde de mucho sol, mientras buscaba que comer en los umbrales, los vecinos solían dejar bolsas de pan duro y arturito se aprovechaba de eso. Vicky vivía a seis cuadras del muelle,su madre era una de las tantas vecinas que seguían aquel ritual del pan. Conversaron horas, días y noches, poco a poco la distancia entre ellos se había acortado pese a sus diferencias, cuando se tiene 10 años aquello poco importa. Se besaron, crecieron, ella al lado de sus padres, el al lado del mar. Pero por las noches la vieja caseta era el lugar de encuentro, vicky se escapaba por la ventana del dormitorio y corría a toda velocidad las seis cuadras que la separaban de su amor.

El seguía temblando y esperando. Vicky estaba retrasada, arturito se preocupaba. A media noche, por el vidrio roto de la caseta entro un pequeño pájaro verde, en varias tonalidades, planeaba y transmitía paz, arturito como una especie de reflejo rápidamente extendió su mano y el ave se posó en una pata sobre su dedo índice, comenzó a caminar por todo su cuerpo, sus diminutas patas parecían acariciar el pelo suave de arturito. de pronto pió con todas su fuerzas, brilló con intensidad y voló cruzando el mar.

Al amanecer la noticia fue la peor, vicky ya no estaba, se había convertido en “el pájaro del alma”.

By Bruno Traversa.

“Hondo, muy hondo, dentro del cuerpo habita el alma.
Nadie la ha visto nunca pero todos saben que existe.
Y no sólo saben que existe, saben también lo que hay en su interior.

Dentro del alma, en su centro, está, de pie
sobre una sola pata, un pájaro: el Pájaro del Alma.
Él siente todo lo que nosotros sentimos.”

(Extracto El Pájaro del alma-Mijal Snunit)

Pájaro del Alma

Pájaro del Alma

Juan Domingo y Virna. Una historia de verdad.


Bruno Traversa

Bruno Traversa

El, Juan Domingo Peròn, ella Virna Lisi. Cuando se vieron por primera vez no se saludaron. La segunda, tampoco lo hicieron. Recién a la tercera vez sucedió, pero simplemente porque sabían que se verían durante mucho tiempo mas.  Una tarde, Virna, se hallaba sentada en el sofá frente a la televisión que no miraba, sus ojos estaban sobre un cuadro arriba de la caja. Era una imagen totalmente tranquilizadora, arena, mar y sol. Peròn ingresó a la habitación, pretendía mirar las noticias de lo que ocurría en su país. Ambos congelados, detenidos en el tiempo observando imágenes. Ella era capaz de darle movimiento al cuadro en su imaginación. El, se aburrió rápidamente de la tv, y sacó una revista de Sudoku, amaba esos juegos llenos de números, bajó la vista y vio su pantalón de pana marrón rozando la rodilla de la rubia. Dejó de lado los juegos, la observaba con ojos tristes, tuvo un Deja Vu. Virna lo sintió por primera vez. Le sonrió, se puso de pie y abandonó la sala luciendo sus atributos.

El encuentro se dio durante varios días, en el mismo lugar, a la misma hora. Cada vez mas cerca, vigilando que nadie se diera cuenta de su cercanía. No emitían palabra alguna.

Una tarde, el encuentro fue diferente. Cuando Virna estaba a punto de comenzar con el ritual para abandonar la sala, una puerta se abrió al otro lado, la chica salia empujando el carro con los productos de limpieza, la puerta no se había trancado. Virna lo miró asustada, Juan tomó su mano. En el cuarto semi oscuro con los vidrios empañados de la vieja ventana, sobre las pilas de ropa sucia…se amaron. 

Pasaban las tardes esperando que aquella puerta se abriera pero no cerrara. no siempre ocurría, pero si sucedía ellos lo aprovechaban como dos adolescentes.

Sus piernas median 22 besos. El lo sabía, había contado mas de una vez sin que ella pudiera darse cuenta. Todo en su vida era matemáticas. Sabia que con dieciséis besos suaves detrás de la oreja izquierda, ella quedaba rendida a el por completo. También había descubierto el recorrido perfecto, saltando de lunar en lunar. Las tres marías pensaba el, “acá tienes a las tres
marías”. Comenzando por ellas era fácil quedar perdido en la galaxia de su espalda. Cuando había contabilizado unas cien, el, empezaba a pintar hirvientes cometas con la lengua. Luego de tres o cuatro, ya podía ver las manos de ella estrujando la bolsa de ropa. Ese era el momento justo para pegar el pecho y sentir. Millones de latidos hablando entre si, el calor abrazador, dejando atrás la política, el cine… unos minutos y ¡Big Bang!

Quizás sea una locura mas dentro del manicomio, pero ellos ya no están solos, ya no.

Bruno Traversa

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En la red de un amor


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Bruno Traversa

Ella, sentada a los pies de la cama, con sus manos en las rodillas, lo esperaba como cada día, misma hora, mismo lugar. El, ingresaba en la habitación quitándose el sobretodo gris. Llevaba el rostro mojado por la lluvia, los ojos por la vida. Ella hundía su dedo anular de la mano derecha en la media de red. El se sentó a su lado, suspiró para inundar el alma de recuerdos y dijo:

-Hoy pasó de todo en la oficina, ¿recordás el nuevo?, bueno, hoy casi incendia todo. Lo mandaron hacer café, colocó la jarra sin poner agua en ella, a los diez minutos era todo una nube de  humo, ¡pobre! No sabía donde meterse. Pasé por la universidad a ver a Erika, como ha crecido nuestra niña, se sorprendió al verme, estaba con el chico ese, no me parece tan malo ahora que ya ha pasado el tiempo, sólo tenía que acostumbrarme.

(Ella seguía con su dedo entre la media, moviéndolo lentamente y escuchando atenta, el continuó)

-ya pagué las cuentas, bueno, no todas, aún me falta pagarle a los del cable, aunque ni se mire, y aunque repitan siempre las mismas películas, no quiero dejar de pagar, es una compañía tener su sonido. ¿Hace cuanto que no vamos al cine ? Cuándo venía vi que estaban estrenando una romántica de esas que te gustan a vos. (Ella con sus labios explotando en rouge, sonrió, y lo enlazó con sus brazos) .

-son $300. -dijo ella mientras le secaba una lágrima-

El abandonaba la habitación como cada día, nunca se había acostumbrado a la desaparición de su mujer en aquel fatídico accidente, y en la puta del pueblo, encontraba su consuelo.

Bruno Traversa

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